Economía feminista para poner fin a la violencia contra las mujeres

25N_Publico Con motivo del Día Internacional por la No Violencia contra las Mujeres, el Diario Público ha sacado un dossier especial 25N:Las discriminaciones ocultas en el que la periodista Marisa Kohanm ha que querido ha querido poner el foco en ese 80% del iceberg que permanece sumergido, entrevistando, para ello a un grupo de cinco destacadas profesionales del mundo de la ciencia, la educación, la economía, el activismo político o la justicia. Marian Moreno LLaneza (coeducación); Eulalia Pérez Sedeño (ciencia, tecnología y género): María del Mar Esquembre (derechos constitucional y género), Patricia Caro Maya (psicóloga y activista por lo derechos de las mujeres romaníes) y Carmen Castro García (economista feminista y activista social). A todas nos ha identificado como referentes para analizar conjuntamente cómo andamos en términos de equidad de género, qué avances se han conseguido en los últimos años y cuáles son las grandes asignaturas pendientes que tenemos que aprobar para poder poner coto a la discriminación de género.

Comparto un breve anticipo de mi entrevista, sobre economía feminista:

“Europa renuncia a valorar el trabajo doméstico pero sí incluye en el PIB actividades como la prostitución y el narcotráfico”

¿Cómo influye la economía tradicional, la que tenemos, en la vida de las mujeres?

La economía que tenemos, la ortodoxa o tradicional, está basada en una división sexual del trabajo que genera una asimetría jerárquica por cuestiones de género. Crea una sociedad jerarquizada, sesgada y androcéntrica que no tiene en cuenta las capacidades, las potencialidades ni las condiciones de vida de las mujeres. Esto quiere decir que el sistema productivo que conocemos es posible y se asiente fundamentalmente en un trabajo que es invisibilizado, no es reconocido ni valorizado y que fundamentalmente realizamos las mujeres en el ámbito del hogar y las relaciones sociales.

“Nuestro sistema productivo se asienta sobre el trabajo invisible y no remunerado de las mujeres”

La economía tradicional parte de postulados como el de la mano invisible de Adam Smith, que dice que no hace falta que intervengas en el mercado porque ya la oferta y la demanda se encargarán de poner las cosas en funcionamiento. Pero el mejor ejemplo de esto es lo que hemos vivido en estos últimos ocho años. Cuando no se establecen regulaciones lo que ocurre es esta inercia de voracidad capitalista y depredadora de acumulación de beneficios.

Usted habla de la economía feminista. ¿En qué consiste?

Consiste en cambiar la mirada y aplicar una perspectiva feminista a cómo se organiza social y económicamente una sociedad y cuáles son las relaciones y los valores que la sustentan. Se trata de poner el foco en visibilizar y hacer emerger todos los desequilibrios y las múltiples desigualdades de género que provoca esta economía ortodoxa, ciega a todo lo que no sea una visión androcéntrica y occidentalizada. Una economía en la que el hombre es el centro de todo.

Supone también poner el centro de atención en las necesidades de sostenibilidad de la vida y las aportaciones que realizan las mujeres en el día a día, que es esa parte invisible del iceberg. Lo que no se ve.

El cambio fundamental de este enfoque consiste en poner los cuidados en el centro como una necesidad social, lo que significa repensar las políticas públicas y el sistema de distribución y asignación de los presupuestos. Pero supone también la necesidad de replantear los comportamientos individuales, principalmente los que realizan o no realizan los hombres.

“Necesitamos una economía feminista que se centre en el desarrollo humano y no en la acumulación de beneficio monetario”

¿Sería pues una economía que se centra más en las personas que en la generación de riqueza?

Sí. Se trata de poner los cuidados en el centro de las necesidades de las personas y en el centro de atención de las políticas económicas y que el sistema económico se reorganice de manera tal, que el objetivo fundamental sea satisfacer las necesidades para el desarrollo humano y no las necesidades de acumulación de beneficio monetario. Esto se dice muy rápido, pero genera cambios en la superficie y cambios en la estructura.

Gran parte del trabajo que realizan las mujeres, como los cuidados, no se reconoce económicamente. ¿Qué supone esto en términos de pérdida de riqueza?

La mayor parte el trabajo que realizan las mujeres no se reconoce, no se valoriza y no se contabiliza. Como no se reconoce y no se pone en valor, no tiene valor económico, ni siquiera monetario. Esto por una parte. Por otra parte, las actividades económicas o el trabajo que realizan las mujeres de manera remunerada está reconocido con otra base, otro baremo que establece una valoración más baja que la de los trabajos que realizan la mayor parte de los hombres. Son las dos partes de la asimetría.

Las actividades que no se reconocen, no se valoran y no contabilizan son todas las que llamamos producción doméstica. Es decir, las actividades y servicios que se prestan dentro de las relaciones familiares, dentro de los hogares, pero también las que se realizan fuera de los hogares en el ámbito socio comunitario. Se estima que estas actividades suponen entre un 40 o 45% del PIB, lo que es una aportación considerable Esa es la riqueza que se pierde.

Desde algunos países e incluso desde algunas comunidades autónomas en España se empezó a hacer un esfuerzo de poner en valor y de hacer emerger esa contribución que no formaba parte de la economía fomal. Pero a partir del 2014 se abandona por completo esa actividad porque el mandato de la Unión Europea es incorporar en el PIB actividades de la economía que vamos a llamar (si no ilegal) si alegal, como son la prostitución y el narcotráfico. Esto es un indicador de la esquizofrenia política y de las sinergias patriarcales que están dentro del sistema político y económico. Europa ha abandonado el esfuerzo por medir el trabajo doméstico, pero en cambio ordena medir estas otras actividades.

Detrás de todo este movimiento hay un interés de maquillar las cuentas. Porque como los déficits públicos han ido subiendo, de lo que se trata es de buscar estimaciones económicas y monetarias que contribuyan a aumentar el PIB para reducir el porcentaje de déficit. Pero la inclusión de estos supuestos sólo ha supuesto para España entre un 2% a un 4% de incremento del PIB. Pero sólo se trata de una estimación. ¿Cómo vas a cuantificar realmente algo que forma parte de las actividades económica alegales?

“Incluir la prostitución en el PIB es dar carta de naturaleza a esta actividad y a las redes de trata que hay detrás”

La esquizofrenia es total cuando piensas que quién propone estas medidas es la misma institución que luego aprueba las estrategias marco para la igualdad de género. Nos estamos moviendo en ese ámbito de hipocresía cuando hablamos de derechos de las mujeres, porque detrás de estas medidas hay todo un sistema de explotación y de dominación sobre las mujeres y supone aceptar que todo es mercantilizable. Significa dar carta de naturaleza legal a la prostitución y a las redes de trata que hay detrás.

[Seguir leyendo la entrevista completa en Publico.es]

Deja un comentario