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Tierra de Mujeres

La marginación femenina en la cultura


Desde hace años hay más licenciadas universitarias que licenciados, y, sin embargo, ni siquiera en los campos más feminizados, como la literatura, nos acercamos ni de lejos a un igual protagonismo

Por Laura Freixas 03/05/2008

Por qué hay tan pocas mujeres en el mundo de la cultura? Según un estudio que acaba de presentarse, de las películas españolas de los últimos años (2000-2006), sólo un 7% han sido dirigidas por mujeres (Fátima Arranz: Mujeres y hombres en el cine español).

El lenguaje nos enseña muchísimo sobre el valor que la sociedad patriarcal asigna a cada sexo

Una cultura que invisibiliza a las mujeres no perjudica a las poetas o compositoras, sino a todas

La lista de los libros más vendidos en España en una semana cualquiera (Abc, 29-3-08) incluye una mujer entre 10 en ficción y dos en no ficción: 10% y 20%. De las 43 exposiciones individuales organizadas entre 2002 y 2005 por la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior, sólo dos (5%) llevaban firma femenina (Manifiesto Arco 2005). En los medios de comunicación, aunque son mujeres el 46% de los profesionales, sólo ocupan un 24% de los puestos directivos (Informe Anual de la Profesión Periodística, 2006). En teatro, de entre los candidatos a los Premios Max de Artes Escénicas 2008, las mujeres son minoritarias en casi todas las categorías, especialmente directores (25%) y autores (19%) (http://www.projectevaca.com).

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sgd || 5 05 2008 - 10:08

CreAccionA



Mujeres que se enredan

Submergentes

web Submergentes

Ramona Rodríguez y Mercè Galán son al artíficas de esta nueva plataforma en red de video-arte. Submergentes es una propuesta audiovisual, donde tiene cabida producciones alternativas y proyectos de experimentación con vídeo, sonido y arte electrónico.

“El vídeo es una herramienta cuyo uso es cada vez más accesible a una gran parte de la población. Es por ello, que la proponemos como medio para registrar de modo artístico, experimental, lúdico, serio o desenfadado, las experiencias individuales y colectivas. Submergentes es una plataforma sin ánimo de lucro. Nuestra finalidad es ir construyendo entre tod@s una geografía de la mujer y del hombre contemporáneos, a través de esos fragmentos de vídeo”.

¡Bienvenidas a la red!

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sgd | 24/12/2007 |

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GenTec.jpg

GeneroTICs


TICs de Género
Conocimiento abierto, Sociedad Libre
III Congreso on line Observatorio Cibersociedad"

Inclusión, diversidad y equidad de género: REDES hispanas para el desarrollo de la Sociedad del Conocimiento: Conclusiones

La bloggera Yoani Sánchez recibe el Ortega y Gasset

Yoani Sánchez es la autora del blog Generación Y , un blog dedicado a gente nacida en Cuba en los años 70 y 80 que se ha ido convirtiendo a lo largo de su año de vida en la red, en un punto de referencia de la opinión divergente de la isla y crítica al gobierno de Raúl Castro. Con más de un millón de visitas al mes, sus textos se publican mediante un servidor situado en Alemania.

Este contexto que rodea su actividad de periodismo ciudadano es el aspecto que más peso ha tenido en el jurado de los premios de periodismo digital Ortega y Gasset que han decidido premiar su valentía y su habilidad para sortear las limitaciones a la libertad de expresión en Cuba, destacando el estilo de información “vivaz y directa” que ofrece a sus numerosos lectores y “el ímpetu con que se ha incorporado al espacio global del periodismo ciudadano”.

¡Enhorabuena Yoani!

La entrega de los Premios fue ayer y Yoani no pudo asistir, Su página aparecía esta mañana otra vez bloqueda temporalmente; lo que le da un mayor portagonismo y dimensión a su intención con este blog: “que las personas quieren emitir una opinión diferente a la oficial”.

El País entrevista a Yoani

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sgd | 08/05/2008 |

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  1. Hermógenes (La matria y la patria)
  2. Marina (Por la visibilidad lésbica, lema del Orgullo 2008 en Madrid)
  3. Aline (La matria y la patria)
  4. graciela vargas (Di NO a la violencia de género)
  5. MARIA JOSE ORTIZ MAESSO (Di NO a la violencia de género)
  6. Maria del Pilar Troya (Femicidio: más allá de la violación del derecho a la vida)
  7. Maria del Pilar Troya (El Consejo de Europa consagra el derecho al aborto "legal y sin riesgos")
  8. EVELIN GUTIERREZ (Apoyo a candidatura de Margarita Salas)
  9. Fany Lilian Tórrez Rodriguez (Investigar en Equidad clave para los Objetivos de Desarrollo del Milenio)
  10. mercedes alba (Seminarios PRIGEPP 2008)




Festival Infinita 07

Convocatorias destacadas



Yporqueno

YporquéNO


Poniendo coto al patriarcado, ¿será de ésta?

Las palabras de la Ministra de Igualdad de España, Bibiana Aído, rsultan contundentes: “hay una necesidad clara de cambiar muchas de las estructuras patriarcales que siguen persistiendo en este país y en eso pondremos todo nuestro esfuerzo y nuestro empeño”.

Somos muchas y muchos quienes pensamos y actuamos desde este convencimiento. La novedad es que se haya explicitado públicamente por quien asume en esta legislatura, la responsabilidad de asignar recursos para el avance hacia la igualdad efectiva.

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Carmen Castro || 30 04 2008 - 16:26

Colaboraciones




La matria y la patria

Por Elena Simón Rodríguez

Qué es más importante: dar vida y cuidarla o defender un territorio ajeno arriesgando la propia? ¿De qué tenemos más riesgo: de sufrir violencia terrorista o violencia machista? ¿Qué pasa con la misoginia varonil que impele a bastantes hombres de relevancia y renombre a hacer apología de la violencia machista? ¿Será que hace falta un Ministerio de Igualdad? Todo el mundo sabe lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo desde que nueve Ministras fueron nombradas en un país famoso por no estar demasiado preocupado por las muertes de muchas mujeres a manos de su “propietarios” como problema de primer orden.

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sgd || 5 05 2008 - 10:00

Nutrientes de la red



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DENUNCIA

Di NO a la violencia de género

El Fondo de Desarrollo para la Mujer de las Naciones UNidas, UNIFEM, está llevando a cabo una Campaña contra la Violencia de Género y para apoyarla solicita la firma, por Internet, apoyando su lema ‘Di NO a la Violencia contra las Mujeres’.

La Embajadora de Buena Voluntad de esta Campaña es la actriz Nicole Kidman y os hago llegar la carta que ella envia solicitando vuestro apoyo.

A la vez quiero pediros que le deis la mayor difusion posible a esta iniciativa de UNIFEM

Ines Alberdi

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sgd || 5 05 2008 - 10:18

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DEBATE

Feminismo y abolicionismo

Por Charo Carracedo.

La prostitución o, más pertinentemente, el acceso masculino por precio al cuerpo de las mujeres constituye una práctica social inmemorial, arcaica y antigua como la supremacía masculina sobre las mujeres. En efecto, la prostitución es una versión más, de las modalidades en que se manifiesta y asegura el principio de la autoridad patriarcal y no difiere, en su fundamento, de otras formas en que se hace ostensible el ejercicio de la supremacía o del poder. La mutilación genital femenina, la violencia relacionada con la dote, la autorización legal atribuida a los maridos para castigar física o psicológicamente a las mujeres, las violaciones masivas en tiempos de guerra, por igual la prostitución, constituyen una muestra del catálogo que permiten evidenciar el lugar que corresponde ocupar a las mujeres.

El poder político, en su versión civil o religiosa, ha organizado y participado activamente, también desde tiempos inmemoriales, en la selección de las mujeres que han de estar disponibles para ser usadas pública y colectivamente por los varones y en las condiciones en que se realizan tales usos.

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sgd || 8 01 2007 - 19:09

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CONVOCATORIAS

Periodista en situaciones de límite

Éste, podría ser el lema de una parte de la vida de Carmen Sarmiento , la primera mujer corresponsal de guerra de TVE; y con este mismo título impartirá una conferencia 8 de mayo en Valencia , a las 19.30 horas, en la Fundación RuralCaja (Paseo de la Alameda, 34).

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sgd || 7 05 2008 - 13:14

Políticas. Mujeres protagonistas de un poder diferenciado

Políticas

Feminizar la política es feminizar la vida. Cuando las mujeres llegan a la política y las cámaras de representación se impregnan de diversidad de género, algo comienza a cambiar, algo para lo que no hay vuelta atrás y que requiere de una acción premeditada, constante y continua, para contrarrestar los prejuicios sexistas y las múltiples resistencias machistas que todavía existen.

Este es el enfoque que proyecta Políticas, el nuevo libro de la Colección PLanta 29 escrito por Antonio Gutiérrez Rubí que se presenta el 6 de Mayo,a las 12.30 horas, en Madrid, en Blanquerna Centro Cultural


La paridad es sólo una parte de la imprescindible «feminización de la política». Necesitamos otra política, [desde y para] la equidad efectiva, cierto. Pero se necesita, sobre todo, compartir el poder (no sólo la representación) y hacerlo de otra manera para revitalizar la democracia. Las mujeres que hacen política pueden, y ejemplos no nos faltan, comportarse con los roles y estereotipos culturales del machismo político. Pero también pueden, y mayoritariamente, incorporar otras escalas de valores en las relaciones (personales, sociales, institucionales, políticas), con otras sensibilidades y renovados matices. Y, sobre todo, con otra agenda y otras prioridades.

El reto es evidente, mostrar otra forma de ejercer el poder, alejado del machismo y de la misoginia, integrando la política de las emociones, alentando la capacidad de diálogo y el fluir de la conversación. Hacer redes, algo en lo que muchas mujeres tiene experiencias de vida que representan la estrategia revolucionaria de este siglo.


La misoginia es la versión sofisticada del machismo entre los progresistas. Letal para una cultura de izquierdas y democrática. Cuando ellas son brillantes, ejecutivas y competentes dan, definitivamente, «miedo».
Pero el miedo es para la mayoría de ellos, no para la mayoría de la sociedad.

La presencia de mujeres en los Parlamentos apenas representan un 18% a nivel mundial, según los datos facilitados por la Unión Interparlamentaria . Esta misma institución, que agrupa a los parlamentos del mundo y que tiene estatus de observador permanente en Naciones Unidas, demuestra que las políticas públicas de orientación social cambian (y mucho) cuando las mujeres gobiernan.

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sgd || 5 05 2008 - 10:20

Director/a de UNRISD

El Instituto de Investigación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social (UNRISD), uno de los principales centros de reflexión sobre temas sociales del mundo, seleccionará director/a entre las candidaturas que reciba antes del 30 de junio.

La posición de Director(a) del Instituto ofrece
una emocionante oportunidad para iniciar programas innovadores de
investigación a escala mundial, incidir en los debates de política
internacional y atraer contribuciones de pensadores destacados, centros de
investigación, órganos multilaterales y organizaciones de la sociedad
civil. El/la candidato(a) ideal ha de ser un(a) académico(a) de renombre
mundial, comprometido(a) con la investigación multidisciplinaria y capaz de
motivar a un equipo internacional de investigadores. El o ella debe tener
probada experiencia en la gestión y la recaudación de fondos, de
preferencia a nivel internacional o regional, dominar el inglés y tener un
conocimiento práctico del francés y/o español.

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sgd || 5 05 2008 - 10:03

Organizaciones feministas de España aplauden la creación del Ministerio de Igualdad

Las organizaciones feministas aplauden la creación de un Ministerio de Igualdad que da respuesta a la medida 203 de la Plataforma de Acción de Pekín, que recomienda a los estados la configuración de organismos de igualdad con el máximo rango gubernamental. También consideran positivo el aumento del número de ministras y el reparto de carteras, aunque esperan con cautela la designación de las secretarías de Estado y las direcciones generales, donde confían en que la representación también sea paritaria.

La presidenta del Forum de Política Feminista, Begoña San José, se felicitó por el aumento cuantitativo de ministras en el Gobierno pero subrayó que el número de mujeres y hombres es el mismo, pues el presidente también forma parte del Consejo de Ministros, y por tanto, hay 9 y 9, una composición “estrictamente” paritaria.

San José consideró que “la paridad por sí sola no modifica las políticas, pero está claro que no se puede hacer política para las mujeres de la sociedad sin que haya mujeres en el Gobierno. Es una condición necesaria, pero no suficiente, ahora hace falta la voluntad política de trabajar activamente para combatir la discriminación”.

[Fuente: AmecoPress ]

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sgd | 14/04/2008 | | Comentarios


La prostitución, ¿es un modo de vida deseable?

Hablar de prostitución sigue siendo un tema polémico y al mismo tiempo un debate político abierto permanentemente que encierra en sí mismo otros debates previos sobre los siglos de influencia patriarcal en el sistema de relaciones de género, la libertad sexual, los derechos de las mujeres, el poder económico, la equiparación o no de la prostitución como una actividad económica más, etc.
La postura de los diferentes países de la UE también es variable; la ley Sueca se muestra como referente y obviamente ha tenido su influencia en España, con la aprobación en Las Cortes de este Informe sobre la prostitucion que incide en que la prostitución y el tráfico son fenómenos ligados y relacionados y que por lo tanto no se puede actuar sobre el uno sin influir en el otro, otras posturas defienden una actitud más liberal económica influida por el todo vale y la supuesta libertad de elección.

Entre medias de todos estos discursos lo que hay latente es una fuerte hipocresía social y precisamente sobre ello trata el artículo ¿la prostitución es un modo de vida deseable? escrito y avalado por parte de las mentes intelectuales feministas más prestigiosas de España.

Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED, es miembro del Consejo de Estado. Firman conjuntamente este artículo además Victoria Sau, Celia Amorós, Teresa Gisbert, Rosa Cobo, Inmaculada Montalbán Alicia Miyares.

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sgd | 05/06/2007 | | Comentarios [2]


Feminismo y Ecologismo

Feminismo y ecologismo serán dos movimientos sociales fundamentales en el siglo XXI. El primero porque, adquirida la autoconciencia como colectivo y la formación necesarias ya no es posible detenernos y el segundo por la cada vez más evidente insostenibilidad del modelo de desarrollo tecno-económico.
Por Alicia H.Puleo.

Alicia H. Puleo, Cátedra de Estudios de Género de la Universidad de Valladolid ha dedicado gran parte de su quehacer profesional a la enseñanza de la Lógica, Filosofía de la Ciencia y Teoría e Historia de la Educación en la Universidad de Valladolid. En el marco de esta docencia, imparte cursos de Doctorado sobre género y ética ecológica. Ha colaborado con el Ministerio de Educación y Ciencia en la preparación de material no androcéntrico para la enseñanza de la Filosofía. Ha sido coordinadora del equipo de elaboración de los libros de apoyo para la asignatura optativa de la secundaria obligatoria “Papeles sociales de mujeres y hombres” (1996).

Actualmente coordina un seminario sobre “Feminismo y Ecología” en el Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid. Y este es el tema del artículo que se reproduce a continuación y que muestra una parte del extraordinario trabajo realizado por la profesora Puleo.

FEMINISMO Y ECOLOGISMO

Feminismo y ecologismo serán dos movimientos sociales fundamentales en el siglo XXI. El primero porque, adquirida la autoconciencia como colectivo y la formación necesarias ya no es posible detenernos (aunque se puede siempre retrasar la llegada a las metas emancipatorias con diversas estrategias); el segundo por la cada vez más evidente insostenibilidad del modelo de desarrollo tecno-económico. Estamos asistiendo al comienzo del fin de la Naturaleza. Ya no resulta fácil a los medios de comunicación disimular, como hasta ahora, la conexión existente entre diversas catástrofes “naturales” que no son sino manifestaciones de un cambio climático global de consecuencias insospechadas. Vivimos lo que Ulrich Beck llamó “la sociedad del riesgo”. Cuanta más información poseemos sobre los alimentos que consumimos, el agua que bebemos, el aire que respiramos y hasta el sol que tomamos, mayor inseguridad sentimos (contaminación, pesticidas, agujero de ozono, conservantes… la lista es muy larga). Sólo la ignorancia o la adopción de una actitud tecno-entusiasta ciega puede hoy en día hacer que miremos hacia otro lado cuando los signos de peligro son tan claros. Y, sin embargo, hay una voluntad (inconsciente) generalizada de mirar hacia otro lado, voluntad cultivada cuidadosamente por el inmenso montaje escenográfico de la sociedad de consumo. El ecologismo avanza lentamente y tiene mayor implantación en los países tempranamente industrializados, en aquellos en que la población, o al menos su juventud más ilustrada, se ha cansado del espejismo hedonista contemporáneo que prometía la felicidad a través de la acumulación de un sinfín de objetos materiales. Su avance es lento pero está asegurado por la evolución misma de las cosas, por la tosuda realidad que llamará cada vez más frecuente y contundentemente a nuestras puertas.

Ahora bien, de la futura coexistencia triunfal de ambos movimientos feminismo y ecologismo no se deduce, a primera vista, al menos, que deba existir entre ellos una relación particular. Sin embargo, una reflexión más detenida sobre la cuestión muestra al menos dos grandes formas en que se plantea la necesidad del diálogo. La primera de estas formas es la más superficial, pragmática y fácil de comprender. Es, en realidad, una negociación preventiva: ¿Qué papel se reserva a las mujeres en la futura sociedad de desarrollo sustentable? Dado que gran parte de la emancipación femenina se ha apoyado en la industrialización (por ejemplo, en los artículos envasados o de “usar y tirar”, nefastos para el medio ambiente), ¿cómo organizaremos la infraestructura cotidiana sin sacrificar los todavía inciertos márgenes de libertad de las mujeres? La experiencia de las militantes en los Verdes (con la honorable excepción del mantenimiento a rajatabla de la paridad) y en diversas organizaciones ecologistas muestra que subsisten allí, como en el resto de los partidos, fuertes inercias patriarcales. Los ecologistas no suelen ser feministas. Y ya en lo que concierne particularmente al estado español, por lo general, las feministas no tienen gran sensibilidad ecologista. Aquí, son, por ahora, dos mundos que viven de espaldas pero que en el futuro están destinados a tratarse y, probablemente, a realizar pactos políticos. Si lo anterior se refiere a las necesidades futuras, hay otras razones actuales para que el feminismo se interese por la ecología. Si el feminismo quiere mantener su vocación internacionalista, deberá pensar también en términos ecologistas ya que las mujeres pobres del Tercer Mundo son las primeras víctimas de la destrucción del medio natural llevada a cabo para producir objetos suntuarios que se venden en el Primer Mundo. El nivel de vida de los países ricos no es exportable a todo el mundo. Los recursos naturales son consumidos sin atender a la posibilidad o imposibilidad de su renovación. El expolio no tiene límites en aquellos países en los que la población carece de poder político y económico para hacer frente a la destrucción de su medio natural. Así, por ejemplo, los elegantes muebles de teca que proliferan hoy en las tiendas de decoración españolas son, por lo general, lo que queda de los bosques indonesios, sistemáticamente arrasados. Las mujeres rurales indias o africanas que viven en una economía de subsistencia han visto su calidad de vida disminuir trágicamente con la llegada de la explotación “racional” dirigida al mercado internacional. Si antes disponían de leña junto al pueblo, ahora deben caminar kilómetros para encontrarla. Esa es la modernización que les llega. Si en nombre de la justicia deseamos que nuestra calidad de vida se extienda a toda la humanidad, esta calidad debe cambiar y hacerse sustentable. Si la población china tuviera acceso a los automóviles como la occidental, la atmósfera de la Tierra sería irrespirable. Hay límites físicos, estudiados por la ciencia de la ecología, que imponen un rumbo ecologista a nuestro modelo civilizatorio.

El ecofeminismo atiende a ésta y a otras cuestiones. No hay un solo ecofeminismo sino varias tendencias diferentes en polémica actualmente. Dada la novedad de sus planteamientos y por ser una de las formas más recientes del feminismo, suele ser mal conocido y, a menudo, rechazado injustamente en bloque bajo el calificativo de “esencialista”. En este breve trabajo, intentaré distinguir esquemáticamente las corrientes principales, plantearé lo que considero sus problemas y terminaré apuntando lo más prometedor de un feminismo con conciencia ecológica.

La antigua identificación de Mujer y Naturaleza y su reciclaje con el surgimiento del ecofeminismo El feminismo mostró desde temprano que uno de los mecanismos de legitimación del patriarcado era la naturalización de La Mujer. En El Segundo Sexo, Simone de Beauvoir denuncia la exclusión de las mujeres del mundo de lo público realizada a través de la conceptualización de la Mujer como Alteridad, como Naturaleza, como Vida Cíclica casi inconsciente, por parte del Hombre (Varón) que se reservaba los beneficios de la civilización. El famoso “no se nace mujer, se llega a serlo” beauvoireano es una denuncia del carácter cultural, construido, de los estereotipos femeninos y, al mismo tiempo, un alegato en favor del reconocimiento del derecho de las mujeres, en tanto seres humanos portadores de un proyecto existencial, a acceder al mundo de la Cultura del que fuimos injustamente excluidas. Los feminismos liberal, socialista y radical de principios de los años setenta recogerán esta reivindicación consiguiendo romper, al menos en gran parte, la prisión doméstica en la que se hallaban encerradas las mujeres de la época.

Hacia finales de los setenta, y ya plenamente en los ochenta, algunas corrientes del feminismo radical recuperan la antigua identificación patriarcal de Mujer y Naturaleza para darle un nuevo significado. Invierten la valoración de este par conceptual que en los pensadores tradicionales servía para afirmar la inferioridad de la Mujer (así, por ejemplo, en Hegel la Mujer es presentada como más próxima a formas de vida consideradas inferiores animales o vegetales al Hombre). Afirman estas feministas radicales que la Cultura masculina, obsesionada por el poder, nos ha conducido a guerras suicidas y al envenenamiento de la tierra, el agua y el aire. La Mujer, más próxima a la Naturaleza, es la esperanza de conservación de la Vida. La ética del cuidado femenina (de la protección de los seres vivos) se opone, así, a la esencia agresiva de la masculinidad. Este feminismo radical buscará una ginecología alternativa frente a los tratamientos invasivos de médicos y grandes laboratorios farmacéuticos. Un importante resultado de su actividad en los grupos de autoayuda se refleja en una obra muy conocida entre nosotras y que aconsejo a quienes aún no se hayan servido de ella: el manual de ginecología alternativa del Colectivo de Mujeres de Boston: Nuestros cuerpos, nuestras vidas. Ante la manipulación creciente del cuerpo de las mujeres, estas feministas denunciaron los efectos secundarios de unos anticonceptivos dirigidos a la satisfacción masculina de la androcéntrica “liberación sexual”. Más recientemente, sus advertencias se han dirigido a un fenómeno nuevo: la terapia hormonal sustitutoria para la menopausia, nuevo filón de las multinacionales farmacéuticas. Esta preocupación por la salud y por recuperar el control del propio cuerpo es un elemento central de este primer ecofeminismo y explica el título de una de sus obras más relevantes: Gyn/Ecology (1978) de Mary Daly . De formación teológica, M. Daly se dedica a analizar los mitos llegando a la certera conclusión de que la única religión que prevalece en todas partes es el culto al patriarcado. Propone desarrollar una conciencia “ginocéntrica” y “biofílica” de resistencia frente a la civilización “falotécnica” y “necrofílica” dominante.

Este ecofeminismo, llamado hoy en día “clásico”, es claramente un feminismo de la diferencia que afirma que hombres y mujeres expresan esencias opuestas: las mujeres se caracterizarían por un erotismo no agresivo e igualitarista y por aptitudes maternales que las predispondrían al pacifismo y a la preservación de la Naturaleza. En cambio, los varones se verían naturalmente abocados a empresas competitivas y destructivas. Este biologicismo suscitó fuertes críticas dentro del feminismo, acusándosele de demonizar al varón . Su separatismo lesbiano y su ingenuidad epistemológica (esencialismo) hicieron de este primer ecofeminismo un blanco fácil de las críticas de los sectores feministas mayoritarios carentes de sensibilidad ecológica. Actualmente, todavía, se suele asociar el nombre de “ecofeminismo” únicamente a esta primera forma del movimiento y de la teoría y se desconoce las tendencias constructivistas más recientes.

Los ecofeminismos espiritualistas del Tercer Mundo Vinculados a las tendencias místicas del primer ecofemenismo pero alejándose de la demonización del varón, hemos conocido en los últimos años un fenómeno nuevo: la teoría feminista que viene del Sur. Debo aquí citar un nombre conocido por todas vosotras, sin duda, el de la física nuclear y filósofa de la India Vandana Shiva. Combinando las aportaciones de historiadoras feministas de la ciencia como Evelyn Fox Keller o Carolyn Merchant con su propia tradición filosófico-religiosa, V. Shiva realiza una seria crítica del desarrollo técnico occidental que ha colonizado el mundo entero. Afirma que “lo que recibe el nombre de desarrollo es un proceso de mal desarrollo, fuente de violencia contra la mujer y la naturaleza en todo el mundo (...) (el mal desarrollo) tiene sus raíces en los postulados patriarcales de homogeneidad, dominación y centralización que constituyen el fundamento de los modelos de pensamiento y estrategias de desarrollo dominantes”. Por los libros de V. Shiva, hemos podido saber lo que los medio de comunicación silencian: existen movimientos de resistencia al “mal desarrollo”. Uno de ellos es el de las mujeres Chipko, de las que Vandana Shiva se hace portavoz. Basándose en los principios de no violencia creativa de Gandhi, las mujeres rurales Chipko, en nombre del principio femenino de la Naturaleza de la cosmología de la India, consiguieron detener la deforestación total del Himalaya turnándose en la vigilancia de la zona y atándose a los árboles cuando iban a talarlos. Enfrentándose a sus maridos, dispuestos a vender los bosques comunales, las mujeres Chipko adquirieron conciencia de grupo y posteriormente continuaron luchando contra la violencia doméstica y por la participación política.

En América Latina, particularmente en Chile, Brasil, México, Uruguay, Bolivia, Argentina, Perú y Venezuela, en el rastro dejado por la Teología de la Liberación, se está iniciando actualmente la elaboración de un pensamiento teológico ecofeminista. Así, la teóloga brasileña Yvone Gevara sostiene que hoy en día la justicia social implica ecojusticia. Este ecofeminismo latinoamericano se caracteriza por su interés en las mujeres pobres y su defensa de los indígenas, víctimas de la destrucción de la Naturaleza. Llama a abandonar la imagen patriarcal de Dios como dominador y el dualismo de la antropología cristiana tradicional (cuerpo/espíritu). La trascendencia ya no estará basada en el desprecio de la materia sino que se definirá como inmersión en el misterio de la vida, pertenencia a un todo que nos trasciende. Será concebida como “experiencia de la belleza, de la grandiosidad de la naturaleza, de sus relaciones y de su interdependencia” .En esta teología latinoamericana, el ecofeminismo es una postura política crítica de la dominación, una lucha antisexista, antirracista, antielitista y anti-antropocéntrica (debemos respetar a las demás criaturas vivas, no sólo al ser humano).

Ecofeminismos constructivistas

Bajo este título unificador, dado los estrechos límites de este trabajo, daré solamente dos ejemplos de las distintas teorías y movimientos ecofeministas que no comparten el esencialismo de las clásicas ni se nutren en las fuentes religiosas de las espiritualistas del Tercer Mundo, aunque compartan, según los casos, algunas de sus posiciones (antirracismo, antiantropocentrismo, antielitismo…).

El ambientalismo feminista de Bina Agarwal es una buena muestra de la posición constructivista. Economista de formación, originaria de la India como Vandana Shiva, critica la teoría de ésta que atribuye la actividad protectora de la Naturaleza de las mujeres de su país al principio femenino de su cosmología. Para Agarwal, el lazo que ciertas mujeres sienten con la Naturaleza tiene su origen en sus responsabilidades de género en la economía familiar. Piensan holísticamente y en términos de interacción y prioridad comunitaria por la realidad material en la que se hallan. No son las características afectivas o cognitivas propias de su sexo sino su interacción con el medio ambiente (cuidado del huerto, recogida de leña) lo que favorece su conciencia ecológica. La interacción con el medio ambiente y la correspondiente sensibilidad o falta de sensibilidad ecologista generada por ésta dependen de la división sexual del trabajo y de la distribución del poder y de la propiedad según las divisiones de clase, género, raza y casta.

Desde otra perspectiva, una de las más destacadas teóricas actuales del feminismo ecologista, Val Plumwood , constituye un buen ejemplo de la crítica constructivista. Esta filósofa australiana ha insistido en el carácter histórico, construido, de la racionalidad dominadora masculina. La superación de los dualismos jerarquizados Naturaleza/Cultura, Mujer/Hombre, Cuerpo/Mente, Afectividad/Racionalidad, Materia/Espíritu exige un análisis deconstructivo. Utilizando aportaciones muy diversas (reivindicaciones de igualdad de Simone de Beauvoir, crítica al androcentrismo del ecofeminismo clásico, teoría de las relaciones objetales…) examina la historia de la filosofía occidental desde los griegos como la construcción de un yo masculino dominador, hiperseparado de su propio cuerpo, de sus afectos, de las mujeres, de los demás seres vivos y de la Tierra que lo sustenta. Esta visión fantasiosa de la propia identidad humana, utilizada como legitimación del dominio ha conducido a la civilización destructiva actual. Pero no es una esencia sino un fenómeno histórico, una construcción. El problema de la praxis El ecofeminismo clásico espiritualista inspiró a numerosos grupos feministas pacifistas como el de Greenham Common. La mística diferencialista se manifestó apta para movilizaciones de gran impacto en las que se utilizaron los elementos del mundo tradicional femenino con maestría política: por ejemplo, se tejieron redes en torno a los misiles de las bases militares. En resumen, su debilidad teórica (esencialismo) es su fuerza práctica. Pero, podemos preguntarnos, ¿favorece al colectivo femenino la utilización de los estereotipos de género?

Es comprensible que la naturalización de la Mujer, utilizada desde tiempos remotos para la exclusión de las mujeres del mundo de la cultura suscite graves reparos en las filas feministas. ¿Decir que las mujeres estamos más cerca de la Naturaleza por nuestra capacidad materna no es volver a encerrarnos en los límites de las funciones reproductivas? Y, por otro lado, ¿la exaltación de lo inferiorizado desde posiciones de no poder es capaz de alterar los valores establecidos? ¿No estaríamos agregando un trabajo más a las oprimidas, la de ser salvadoras del ecosistema invocando su esencia?

Desde el constructivismo de posiciones de corte economicista como las de Agarwal, todo se reduce a tomar medidas prácticas de conservación del medio ambiente que se apoyen en el saber tradicional de las mujeres rurales, sustituir el monocultivo industrial por la diversidad de semillas autóctonas, descentralizar y favorecer la participación de los grupos desfavorecidos en la toma de decisiones. Esto es indudablemente útil y necesario pero, como señala la ecofeminista alemana Barbara Holland Cunz , este tipo de críticas al ecofeminismo espiritualista ignora la aportación de éste a la conciencia contemporánea: la imagen de un diálogo horizontal, democrático, empático con la Naturaleza. Al perder esta nueva sensibilidad, tales críticas vuelven a considerar a la Naturaleza como mero “recurso” a disposición de los humanos. El mismo término “medio ambiente” expresa ese reduccionismo por el que la Naturaleza aparece como simple escenario en el que los humanos realizan sus proezas.

Finalmente, señalaré que la potencia teórica de los feminismos ecologistas de tercera generación, como el de Plumwood, constituye su debilidad práctica. La complejidad de su análisis y el rechazo de la mística de la feminidad natural despojan de herramientas útiles a la hora de las movilizaciones. De hecho, no se pueden extraer indicaciones claras de lo que debería ser una actividad ecofeminista derivada de su obra.

Y sin embargo…

El feminismo ecologista como nuevo proyecto ético y político Más allá de todos los problemas teóricos y prácticos de un feminismo que se encuentra actualmente en plena elaboración y discusión, creo en la validez de un feminismo ecologista crítico que planteara una alternativa a la crisis de valores de la sociedad consumista e individualista actual . Las aportaciones de dos pensamientos críticos feminismo y ecologismo nos ofrecen la oportunidad de enfrentarnos no sólo a la dominación de las mujeres en la sociedad patriarcal sino también a una ideología y una estructura de dominación de la Naturaleza ligada al paradigma patriarcal del varón amo y guerrero.

Nuestra autoconciencia como especie humana ha de avanzar hacia la igualdad de mujeres y hombres en tanto partícipes no sólo de la Cultura sino también de la Naturaleza. Esto incluye tanto la participación de las mujeres en el ámbito de la Cultura como la plena aceptación en lo propiamente humano de aquellos elementos despreciados y marginalizados como femeninos (los lazos afectivos, la compasión, la materia, la Naturaleza). Obtener una visión más realista de nuestra especie como parte de un continuo de la Naturaleza y, consecuentemente, tratar a los seres vivos no humanos con el respeto que merecen. Superar el sexismo, el androcentrismo, el racismo y el antropocentrismo son las metas de esta nueva forma de feminismo.

El feminismo no debe cerrarse a las nuevas preocupaciones y sensibilidades de las mujeres. El ecologismo es una de ellas. Y si creemos que el feminismo ha de plantear horizontes utópicos en el sentido etimológico de “utopía” (ou-topos, aquello que todavía no ha tenido lugar pero puede tenerlo), podemos ver que el feminismo ecologista tiene mucho que aportar al lema de estas Jornadas: feminismo.es… y será.

[Fuente: [Mujeres en Red]

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sgd | 09/06/2006 | | Comentarios [6]


Muchas mujeres, poco feminismo

Dice Victoria Sendón de León que “en lugar del violeta, el tono gris prima en el feminismo” y que necesitamos de un optimismo radical que nos haga evolucionar y desvincularnos de la agenda de las instituciones tomando la iniciativa. Y a mí me parece que son muy certeras sus palabras, en un contexto marcado por la superficialidad con que se repiten eslóganes y la rapidez con que se argumenta sobre la necesidad de consolidar los espacios de mini-poder cedidos a algunas integrantes de parte del feminismo.

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sgd | 26/11/2005 | | Comentarios [2]


Cirugía estética ¿sometimiento o elección?

Una vez más, como viene siendo común en muchos debates feministas, ser víctima o electora es una cuestión de gran calado. Ana F. de Vega recupera este dilema en su análisis sobre la Cirugía estética ¿Sometimiento o elección?[pdf]:

“En nuestras sociedades, buena parte de las mujeres nos encontramos a veces sometidas a los cánones de una supuesta perfección estética, apariencia atractiva y sexi, bella, pura.
Ante las llamadas constantes y abrumadoras por encarnar un cuerpo perfecto con una bonita cara, no siempre es fácil decir: “bueno, yo no paso por ésas, yo me quiero así, mi belleza está por dentro…”. Y no lo es porque nunca ha sido fácil para nosotras, históricamente hablando, contar con reconocimiento y valor más allá de nuestros cuerpos. Hemos tenido que trabajar mucho más duramente que los varones para que todo lo que hacemos y decimos, diseñamos y expresamos, sea valorado justamente”.

Aún hoy, parece que sigue valiendo más una bonita cara que un corazón sano.

Las mujeres estamos sometidas a muchas opresiones en nuestras sociedades y, una de ellas, quizá origen de muchas otras, es la de “dar la talla con la imagen”, con la belleza. Si lo que pretendemos, feministas o no, es acabar con las estructuras opresivas del “mito de la belleza femenina” para que las mujeres, sea cual sea nuestro origen étnico, podamos aprender a ser felices más allá de nuestros rasgos físicos, de nuestras arrugas, michelines, pechos, cartucheras, lo primero que hemos de hacer, como en cualquier objetivo que nos marquemos, es aliarnos.

Podemos juzgar si queremos a quienes hacen uso de la cirugía estética para sentirse y mostrarse más bellas, como también podemos hacerlo sobre quienes se maquillan o utilizan cualquier otra técnica para transformar su apariencia, pero no podemos (debemos) descalificarlas sin más, llamarlas víctimas, vanas o superficiales, machistas o afectadas.

Nuestros planteamientos han de ser lo más inclusivos posibles para no seguir coreando aquello de “divide y vencerás” sino, como Audre Lorde escribió, “definamos y cobremos fuerza” .

No es nuevo encontrar entre las feministas posturas enfrentadas sobre distintos temas. En lo que se refiere a la cirugía estética, al uso de ciertas técnicas por mujeres que quieren modificar su apariencia física, podemos distinguir dos claros argumentos. Por un lado, y correspondido con la postura más común entre las feministas, aquél que trata a las mujeres que hacen uso de la cirugía estética como individuas manipuladas por las falsas promesas de “felicidad = belleza”, ecuación de un sistema cultural de belleza opresor. Por otro lado, encontramos otra postura, calificada muchas veces como superficial y engañosa, que pretende poner en primera línea de análisis no las dinámicas opresivas sino la historia personal de las mujeres, las razones que tienen para operarse quirúrgicamente.

Una vez más, como viene siendo común en muchos debates feministas, ser víctima o electora es una cuestión de gran calado, un punto álgido del entendimiento que nos hará colocarnos en uno u otro lado.

Me gustaría apuntar, no obstante, que tal dicotomía no es más que un recurso teórico que utilizo para presentar el problema, pensar y debatir.

El uso de la cirugía estética en todas sus manifestaciones se vincula, como pasa con el resto de las cosas, con cuestiones éticas y políticas. Tratar de resolver algunas de estas cuestiones es lo que nos ayudaría a comprender mejor los acontecimientos sociales y, así, tener más fácil la proyección de modos de vida alternativos.

Algunas de las preguntas que a mí se me plantean y que trataré de ir comentando en las siguientes líneas son:

  • ¿es el sufrimiento, la consideración de las historias individuales de las mujeres, relevante para una crítica feminista a la cirugía estética?
  • ¿convierte a quienes la usan en víctimas de una manipulación ideológica / patriarcal?
  • ¿podemos afirmar que el “sistema de belleza femenino” obliga realmente a las mujeres a utilizar la cirugía?
  • ¿es posible y acertado hablar desde el feminismo de elección o agencia en el uso de tales técnicas quirúrgicas?

    El sistema de belleza occidental, en alarmante expansión por los canales de la globalización, se rige por unas determinadas pautas enfocadas a conseguir el “cuerpo perfecto” y, si no, lo más parecido a ello que las mujeres (y cada vez más hombres, he de apuntar) puedan conseguir.

    Constantemente nos vemos bombardeadas, en cada esquina, emisora de radio, canal de TV, página de revista e incluso periódico, etcétera, por unas imágenes culturales que sostienen, reproducen y legitiman el “mito de la belleza femenina”.

    Con una idea más o menos aproximada del lugar que han ocupado las mujeres a lo largo de la historia androcéntrica , en el imaginario social y en la vida real, no resulta difícil comprender por qué se sigue priorizando socialmente el cul(tivo)o de la imagen externa de las mujeres en vez del cul(to)tivo de sus manifestaciones interiores. Cuando alguien no sirve para opinar, crear o participar, mejor será que se mantenga callada y como mera fuente de inspiración…

    Para muchas feministas, esta cultura del cuerpo no es más que otra manera en que la opresión de género se manifiesta. Mediante ese mito de la belleza se sigue construyendo una feminidad sometida. Los discursos y prácticas que sostienen el sistema de belleza disciplinan a las mujeres a la vez que las entretienen en asuntos de poca trascendencia para su emancipación.

    De esta forma, el uso de las técnicas de cirugía estética, relacionadas estrechamente con tal sistema de belleza, constituye una práctica indudablemente reprensible por quienes combaten el continuo sometimiento de las mujeres en la sociedad.

    Aquellos que se encargan de llevar a cabo estas prácticas quirúrgicas, los cirujanos, así como todas aquellas personas defensoras o tolerantes con su uso, argumentan la “necesidad” o “utilidad” de la cirugía estética. En una sociedad en la que la apariencia es tan importante para la felicidad de una persona, nos dicen, la cirugía estética es un requerimiento para el bienestar de la paciente, una solución a sus problemas físicos. La práctica de las técnicas de cirugía estética, bajo este planteamiento, no sería más que una cuestión de pura elección para satisfacer ciertos deseos individuales.

    Tras este planteamiento, sin embargo, se esconden a mi modo de ver dos cuestiones sumamente importantes. En primer lugar, aquella que hace referencia, aunque no de un modo directo, a la neutralidad de la técnica.

    Al considerar quien escribe que la llamada neutralidad es otro truco teórico para legitimar las normas y medidas imperantes, no me queda sino reparar en los peligros que encierra el hecho de que los cirujanos simplemente respondan a los deseos de la paciente. Todas nuestras acciones tienen implicaciones éticas y políticas y, por tanto, no hay nada de neutral en las prácticas del cirujano que transforma los cuerpos. Porque, ¿cuál es el modelo al que todas estas operaciones tienden? ¿cuáles son los rasgos físicos que se nos presentan en la sociedad como “deseables”?

    En los últimos años, muchas mujeres con rasgos físicos no occidentales están entrando en los quirófanos para deshacerse de esas señas étnicas que sus cuerpos denotan. Mujeres del Medio Este se operan la nariz para parecer europeas y, así, conseguir quizá más éxito social. Antes, algunos judíos operaban sus narices para no ser reconocidos como tales, ahora, las asiáticas se operan los ojos para hacerlos más grandes y eliminar su particularidad rasgada. Encontramos incluso quienes alteran la pigmentación de su piel oscura para hacerla más blanca, un ejemplo de lo cual es muy conocido por todxs.

    Sin lugar a dudas, este “uso étnico” de la cirugía estética merece una reflexión aparte pero, en cualquier caso, nos es útil para denunciar la supuesta neutralidad de la técnica, cosa que pretendo hacer aquí.

    ¿Cuáles son las razones que pueden llevar a muchas mujeres a someterse a una operación quirúrgica para transformar su apariencia física?

    Para no caer en fáciles conclusiones las que se podría llegar desde una postura feminista, esta pregunta me parece de obligado planteamiento. Tratando de resolverlo, quizá, podamos encontrar respuestas mucho más útiles e inclusivas para las mujeres que la simple condena o victimización de quienes se operan.

    El sufrimiento, aunque a veces parece que nos da vergüenza hablar de ello, es, para mí, el punto de inflexión de cualquier postura teórica y política. Más allá de que muchas mujeres deciden operarse para ser “más” guapas, sexis, jóvenes, atractivas, etc., lo cierto es que muchas de ellas lo hacen porque consideran que, así, podrán aliviar su aflicción o padecimiento.

    Desde este punto de vista, por consiguiente, lo que hay que preguntarse es cómo las individuas significan su sufrimiento por una apariencia indeseada y cómo justifican en base a ello sus decisiones de hacer uso de la cirugía estética.

    De lo que se trata, entonces, es de comprender. Para ello, hemos de empezar por la vida particular de las mujeres que hacen uso de estas técnicas. Lo que nos ha de importar no es tanto encontrar posicionamientos absolutos del feminismo sino la experiencia y las razones de las mujeres que han encontrado en la cirugía estética una vía para solucionar alguno de sus problemas. Al tiempo, esto podrá constituir las bases para el discurso, para la teoría y la práctica (de un tipo de) feminista.

    No me gustaría que se entendiera que escribo omitiendo la consciencia de las dinámicas sociales de una belleza asfixiante. Mi intención, aprendida con gracia de la autora más abajo señalada, es la de proponer un balance crítico para abordar desde el feminismo la cuestión del uso de las técnicas de cirugía estética por mujeres.

    Por un lado, ha de estar sólidamente presente la crítica a las tecnologías, a las prácticas y a los discursos que definen los cuerpos de las mujeres como “feos” o “deficientes” y, por tanto, necesitados de cambio.
    Por otro lado, debemos abarcar una comprensión sociológica y, por ello, empática, del por qué las mujeres ven la cirugía estética como la mejor y, en ocasiones, única opción para aliviar su sufrimiento.

    Todo esto es importante en un tiempo en el que cada vez más mujeres se operan, cada vez incluso más jóvenes. Un tiempo en el que el cuerpo de las mujeres sigue fuertemente aprisionado.

    ¿Podemos empoderarnos haciéndonos más bellas? ¿O es el vernos bellas lo que nos hace fuertes?

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    sgd | 03/11/2005 | |


    A_cercar la opresión

    “En nuestras sociedades occidentales, la masculinidad hegemónica es un proyecto íntimamente comprometido con la opresión, constituyendo un modelo explicativo para la opresión en general y quizás, incluso, un modelo a partir del cual se organizan las demás formas de opresión. Si pudiéramos resumirlo en un par de líneas, yo diría que, en nuestras sociedades, la masculinidad hegemónica (MH) es el proyecto que asumimos los hombres de colocarnos en la posición superior en cualquier relación que establezcamos.”

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    sgd | 27/09/2005 | | Comentarios [1]


    Revisando el debate Igualdad – Diferencia: Apuntes para la teoría y práctica

    Ana F. de Vega: “A pesar de que el debate entre igualdad y diferencia en el feminismo comenzó a desarrollarse hace ya más de cuarenta años, y a pesar de que algunas autoras lo dan ya por finalizado, me parece cuestión de máxima relevancia retomar algunas de las ideas claves de dicho debate para proyectar alternativas y modelos políticos coherentes con el feminismo…”

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    sgd | 27/05/2005 | | Comentarios [5]


    La memoria colectiva y los retos del feminismo

    Amelia Valcárcel es una de las pioneras del feminismo contemporáneo en España. Sus aportaciones repletas de sabiduría, aportan elementos de reflexión y cuestionamiento al “orden patriarcall” desde una interpretación arriesgada que conecta con las diferentes formas de entender y vivir hoy desde una opción feminista.

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    sgd | 05/04/2005 | |