El 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, es también un día para reivindicar un mundo más justo y en paz. No es casualidad: el movimiento feminista y el movimiento por la paz comparten raíces históricas profundas. Desde las sufragistas que se opusieron a la Primera Guerra Mundial hasta las mujeres que hoy exigen el cese de los bombardeos en múltiples rincones del planeta, la conexión entre igualdad y paz es estructural, no accidental.
Frente a la violencia y los conflictos que siguen marcando la vida de millones de personas, alzamos la voz. Los conflictos armados no afectan a todas las personas por igual: las mujeres y las niñas sufren de manera desproporcionada sus consecuencias, desde el desplazamiento forzado hasta la violencia sexual como arma de guerra. Por eso, exigir el fin de los conflictos es también una demanda feminista.
Un mundo en guerra es un mundo donde los presupuestos de cuidados se recortan para financiar armamento, donde los derechos conquistados se erosionan bajo la excusa de la seguridad nacional, donde las voces de las mujeres son sistemáticamente excluidas de las mesas de negociación. La paz no es solo la ausencia de balas; es la presencia activa de justicia social, de igualdad real, de recursos compartidos para sostener la vida.
Este 8M, más que nunca, decimos alto y claro: no a la guerra. Porque construir un mundo feminista implica construir un mundo donde los conflictos se resuelvan por la vía del diálogo, donde las inversiones se destinen a educación, sanidad y cuidados en lugar de a armamento, y donde las mujeres sean protagonistas de la paz y no solo víctimas de la guerra.
La igualdad de género y la paz no son utopías separadas. Son dos caras de la misma apuesta por un mundo mejor. Hoy y todos los días, marchamos juntas por ambas.
Hoy y todos los días decimos alto y claro: NO A LA GUERRA. ✊♀️

