Retos del feminismo y la gestión colectiva de sus vindicaciones

Tras la gran movilización feminista del 8M y la explosión de la creciente indignación de las mujeres ante la involución social y la beligerancia reaccionaria y patriarcal, algunas voces nos sumamos al llamamiento de la responsabilidad común para consensuar los retos del feminismo y la gestión colectiva de sus vindicaciones.
RevoluciondeTodasUna de las lecciones principales de la jornada reivindicativa del 8M es la necesidad de otro tipo de mensajes desde la estructura del Estado, los sindicatos o las entidades empleadoras. “Grupos políticos y sindicatos tienen que reubicarse. Es importante desmontar discursos paternalistas y facilitar una actitud de escucha activa a las demandas del colectivo feminista”.

Esta convocatoria desbordaba la dimensión puramente laboral, ya que la parte de huelga de cuidados, de consumo y estudiantil tenían identidad propia y resultaban aún de mayor relevancia para las vindicaciones feministas.
“Queríamos una huelga de 24 horas y lo que procedía era que los sindicatos dieran cobertura legal para la huelga laboral, algo que fue posible gracias a la implicación de la CNT, la CGT y la Confederación Intersindical; sin embargo, sindicatos mayoritarios como UGT, CC.OO y CIG (Galicia) pervertieron la convocatoria en un paro laboral de 2 horas.  La gran movilización de las periodistas y su llamamiento a #LasperiodistasParamos fue un impulso mediático sin precedente y, en gran medida, determinante de la conformación de un estado de ánimo y de opinión favorable a la movilización feminista.

Y ahora, qué? era la pregunta más repetida el día después del 8M; personalmente he necesitado deleitarme y dejar que pase algo de la resaca emocional por ser parte de este cambio de tendencia, ya imparable, hacia el paradigma feminista. Somos muchas quienes pensamos que estamos ante una Cuarta Ola Feminista, así lo han explicitado ya Rosa Cobo, Alicia Miyares, y es el punto de partida del artículo de Cristina Monge.

El camino post 8M comienza pues con la necesidad de articular los retos del feminismo a través de medidas concretas; y ese es precisamente el trasfondo del reportaje de Ana I.Bernal Treviño, en el que 12 mujeres identificamos los que consideramos imprescindibles en la agenda feminista para la incidencia política: Laura Freixas, Laura Nuño, Virginia Gil, Rosa Cobo, Antoinette Torres, Alba Pérez, Yolanda Besteiro, Marisa Fernández, Mabel Lozano, Alicia H. Puleo, Diana López y yo misma 😉

Aquí un avance de lo que considero como retos del feminismo:

Como retos del feminismo apunto a una confluencia con otros movimientos sociales nacidos de las situaciones de precariedad y vulnerabilidad social provocadas, por la beligerancia de las políticas neoliberales de estos últimos diez años. Más sinergias feministas para seguir sumando y construyendo colectivamente vidas vivibles, a través de un pacto constituyente del paradigma feminista, basado en la equivalencia humana y la justicia redistributiva (social, de género y ecológica) desde la certeza de que no todo vale. También asumir que el objeto de la movilización feminista es la transformación social y la reestructuración de las relaciones -laborales, familiares, sociales, institucionales- desde la equidad de género, la equivalencia humana, la equifonía y la equidistancia, contribuyendo también a que las generaciones futuras puedan tener expectativas y condiciones de vida digna. Eso pasa también por asumir que la equidad no será tal mientras los hombres no renuncien a sus privilegios patriarcales.

Tenemos que adaptar el ritmo del sistema económico a los tiempos de la regeneración y reproducción de la vida, lo que nos permitiría salir de la perversión del ciclo tiempo para trabajar-trabajar para ganar- ganar para consumir-consumir para producir y con ello replantearnos qué producimos, en qué condiciones, a cambio de qué y sobre todo, qué necesitamos realmente para vivir, para bien vivir. Por eso es importante hacer de los indicadores de (des)igualdad de género (brechas por género en los salarios, pensiones, empleo, desempleo; feminización de la precariedad, incidencia de la violencia machista y agresiones sexuales, etc…) el termómetro que alerta de una sociedad enferma y cuya sanación requiere atajar de manera efectiva las causas estructurales que provocan dicha enfermedad.

Por último, exigir políticas públicas con enfoque género-transformativo, con capacidad de subvertir el orden de género y la división sexual del trabajo existente. Además de alentar o implicarnos en iniciativas ciudadanas emergentes que faciliten la desnaturalización de los cuidados y la redistribución de los mismos, la desmercantilización de la vida y la despatriarcalización de las organizaciones y redes de participación. Y, cómo no, que las vidas de todas las mujeres se vean arropadas por los derechos humanos.

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