Economía feminista para regenerar la democracia

IVcongresoEcoFemOctubre comenzó dando cabida al IV Congreso de Economia Feminista; más de 300 activistas, agitadoras sociales, economistas, sociólogas, estadísticas, historiadoras, técnicas de igualdad, técnicas de cooperación y responsables de implementación de políticas públicas nos dimos cita en Carmona durante 3 días y en ese tiempo analizamos, compartimos y consensuamos alternativas a la economía ortodoxa ante la crisis del sistema. El sentir colectivo fue muy explícito: necesitamos de la economía feminista para regenerar la democracia.

Y es que, la contextualización de la crisis económica tiene que ver con una profunda crisis de la democracia, algo que va mucho más allá del modelo económico.

El diagnóstico de cómo hemos llegado a la situación actual es algo ampliamente compartido y sobre lo que ya he escrito en otras ocasiones : “la voracidad depredadora capitalista y la especulación de los mercados financieros son el factor causal que explica la crisis de este sistema que ya había manifestado síntomas evidentes de su insostenibilidad (las crisis de cuidados y crisis ecológica son previas). Los errores y la orientación neoliberal de las políticas de ajuste, desde 2007, han agudizado la exclusión social, la desigualdad de rentas y la desigualdad de género, a través del desmantelamiento de los servicios públicos de bienestar (educación, salud y servicios dirigidos a las necesidades de cuidados), el empobrecimiento de la ciudadanía y la fuerte involución social de los derechos sociales en general y de los derechos de las mujeres en particular”.

Las situaciones de emergencia social y de género aumentan de manera alarmante y requieren de reformas urgentes de políticas públicas para la transformación social hacia otro modelo de sociedad, pero no hacia el que el neoliberalismo pretende llevarnos.

Una de las constataciones en los debates del congreso de economía feminista es que la respuesta necesaria para salir de la crisis es un cambio político; y no me refiero a un ‘quítate tú que ahora me toca a mí’ característico de la alternancia bipartidista, no; me refiero a un cambio profundo en la definición y reorganización de valores, de tiempos, de trabajos y estrategias para la provisión de bienes y servicios necesarios para la vida; es decir, un cambio profundo para redefinir otro sistema, desde el reconocimiento de las interdependencias, la solidaridad y responsabilidad social, la colectivización y cuidado de los recursos naturales, como el agua, la redistribución equitativa de los recursos y la igualdad de género como motor del cambio. No se trata solo de cambiar el modelo económico (que también) sino de crear un sistema realmente democrático, basado en los derechos plenos de ciudadanía y en la necesaria despatriarcalización de la sociedad
Sí, lo sé: esto no tiene nada que ver con las respuestas institucionales que vienen, de la Unión Europea / monetaria, ni del FMI ni del gobierno del Estado, quienes pretenden instaurar un nuevo orden redistributivo y de género marcado por la desigualdad, la desaparición de cualquier vestigio democrático y la reprivatización de los cuidados en los hogares, cada vez más expoliados y empobrecidos.

Así que, sí, urge ya un cambio político.

Y sí, claro, también necesitaremos repensar el modelo económico, desde una mayor aproximación a la ecología y a la sostenibilidad de la vida; sin que ello quiera decir necesariamente apostar por un modelo absolutamente decrecionista, porque, como dice Susan George “hay producciones en las que necesitamos crecer, como el conocimiento, la ciencia, la democracia en la economía, etc”. Se trata pues de valorar qué producciones son necesarias, cómo se van a realizar y distribuir, quién va a intervenir y en calidad de qué. También tendremos que replantearnos alternativas a la estructura y sistemas de propiedad actual, y fundamentalmente desde la consideración de que todo está interconectado y afecta a la vida cotidiana de las personas, de las mujeres y de los hombres. Una de las premisas básicas de la economía feminista es la necesidad de acabar con la esquizofrenia patriarcal de mantener en ámbitos separados la producción y la reproducción; esta es una de las claves para redefinir una democracia económica real, en la que tengan cabida circuitos económicos alternativos a los que funcionan hoy en día en ‘el mercado’.

De todo esto hablamos en el congreso de Carmona; y para ello, tuvimos sesiones plenarias y sesiones paralelas en las que se realizaron presentaciones de investigaciones, talleres formativos y debate sobre algunas experiencias prácticas y acción política .

En el plenario abordamos el ‘Buen Vivir’, que como marco teórico nos convence a la mayoría, aunque hay un amplio consenso en la necesidad de debatir más sobre cómo se concreta y se mejora para hacer efectiva la despatriarcalización de la sociedad. También planteamos la necesidad de la colectivización y gestión pública del Agua, desde el reconocimiento a las mujeres de Carmona que en 1974 se negaron a seguir acarreándola y fueron apoyadas por todo el pueblo, y la aproximación a la economía de los comunes alentada por Elinor Ostrom. La sesión sobre la crisis, la trampa de la deuda y las respuestas desde los feminismos europeos propició una fuerte convergencia hacia la necesidad de renovar alianzas y pactos entre feministas y en confluencia con los movimientos sociales, ecologistas y altermundistas; además de un amplio consenso respecto a la reflexión abierta por Lina Gálvez: “la financiarizacion induce el endeudamiento de las personas y de los Estados, hipoteca nuestras vidas cargándolas con unos intereses que nos impiden desarrollar nuestros proyectos personales y colectivos, en beneficio exclusivo de una mínima élite y política”.

Cada dimensión del congreso está elaborando una síntesis de las conclusiones; como adelanto a las mismas, recupero los siguiente ejes propositivos y reivindicativos sobre los que conseguimos consenso:

  • Confluencia del movimiento feminista con otros movimientos sociales y políticos y de alternativas económicas al sistema capitalista heteropatriarcal.
  • Reformas urgentes de politicas públicas que den respuesta a situaciones de emergencia social y de género y también permitan crear las condiciones para construir igualdad y orientarnos hacia otro modelo de sociedad.
  • Servicios públicos de calidad para cubrir necesidades de cuidado, con especial atención a la inversión en los servicios públicos de educación infantil.
  • Permisos por nacimiento iguales, intransferibles y pagados al 100%.
  • Reducción de la jornada laboral máxima, lo que permitirá repartir el trabajo remunerado de manera equitativa y quitarle la centralidad que tiene hoy en nuestras vidas.
  • Eliminación de todos los incentivos a la dependencia económica de las mujeres.
  • Medidas efectivas para incidan en la implicación de los hombres en los cuidados.

En mi opinión, una de las consecuencias de las propuestas acordadas en el congreso es la necesidad de reivindicar, en el corto plazo, la restitución del papel del Estado de Bienestar en la redistribución de los recursos y la riqueza. Y no, no se trata de pretender recuperar una situación pasada, sino de reconceptualizar y superar los límites, deficiencias y sesgos de género identificados en el modelo social europeo, con el objeto de garantizar el ejercicio pleno de los derechos fundamentales y los derechos de las mujeres como ciudadanas; y desde ahí diseñar trayectorias vivibles para construir otro modelo de sociedad , con igualdad de género.

En esta revolución estamos implicadas unas cuantas [bastantes y cada vez más] personas: ¿a qué esperamos?

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Artículo ppublicado originalmente en Libro de Notas

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